Empezando esta aventura

EMPEZANDO ESTA AVENTURA

Por fin aquí está la sorpresita que os venía anunciando estos días.

Espero que este espacio llegue a ser un lugar de encuentro interactivo; ese libro de visitas; el diario de bitácora en el que también vosotros reflejéis libremente vuestras impresiones y emociones, y así nos enriquezcamos todos.

¡Ojalá que os guste! Irene

miércoles, 22 de agosto de 2012

Amor humano, amor divino


Amor humano, amor divino

JUAN MANUEL DE PRADA


SEGURAMENTE no exista, entre todas las aspiraciones humanas, otra más noble y primordial que el amor; seguramente toda nuestra andadura terrenal puede resumirse en el deseo de amar y ser amados. Pero ¿qué es exactamente el amor? Poetas, novelistas, antropólogos, filósofos, han tratado con mayor o menor fortuna de dar respuesta a esa pregunta que tal vez no sea sino el intento de explicar la razón del vivir, pues una vida sin amor es una vida sin sustancia y sin norte, condenada a la esterilidad y a la desesperación. Muchas son las expresiones del amor humano, de esa necesidad que las personas tienen de estar ligadas entre sí, de vivir unas por otras y para otras, de encontrar esa comunión que restablece la armonía de lo creado; pues, en efecto, nada hay en el mundo que exista de forma aislada o independiente. Existe un amor dirigido a nuestros semejantes, que es caridad; y patriotismo, si tales semejantes son, además, copartícipes en un proyecto social y político. Existe el amor nacido de los vínculos de la sangre: amor paternal y maternal, amor fraternal y filial. Y existe, naturalmente, la amistad, que tal vez sea la forma más desinteresada de amor, pues nace de una sintonía espiritual con alguien a quien elegimos entre muchos.
Pero, de entre todas esas expresiones, seguramente no haya ninguna que nos reconcilie tanto con nuestra naturaleza de criaturas como el amor erótico entre un hombre y una mujer. Lope de Vega acertó al describir ese cataclismo interior que se produce en cada uno de nosotros cada vez que nos enamoramos, en un soneto célebre que comenzaba así: "Desmayarse, atreverse, estar furioso, / áspero, tierno, liberal, esquivo, / alentado, mortal, difunto, vivo, / leal, traidor, cobarde y animoso". Pero, y después de ese cataclismo, ¿qué ocurre? Porque la fuerza arrasadora de un estado afectivo como el que nos describe Lope no garantiza, bien lo sabemos, su duración.
El amor erótico tiene elementos comunes con la caridad o la amistad, pero a ellos se une un elemento carnal aún más poderoso que en el amor nacido de los vínculos de la sangre, un elemento de exclusividad recíproca que impulsa a los amantes a fundirse y hacerse uno solo. Este amor exige una plenitud sexual que sea al mismo tiempo una plenitud humana; es decir: debe reposar sobre el atractivo de los sexos, pero ser coronado por el espíritu. Cuando el espíritu no corona esa atracción sexual, el amor erótico se vuelve sexolatría (y, como tantas otras idolatrías, no tarda en amustiarse y fenecer); y cuando una idealización de lo espiritual trata de rebajar al rango de cosa vergonzosa la atracción sexual, el amor se pervierte, aunque adopte una máscara sublime. Es indudable que toda modalidad de amor se enfrenta a dificultades y necesita de purificaciones a veces desgarradoras para no languidecer, pero en el amor entre los sexos estas alternativas de luz y de sombra se verifican con mayor frecuencia e intensidad. La plaga de divorcio, que tantos hemos sufrido, así parece confirmarlo.

Al matrimonio parece haberle ocurrido lo mismo que a tantas instituciones morales, políticas y religiosas. En otro tiempo, tales instituciones estaban por encima de las personas que las encarnaban. Los cónyuges no deseaban tan sólo mantenerse fieles entre ellos, sino también mantenerse fieles al matrimonio. Mientras la institución matrimonial permaneció viva, fue un apoyo orgánico para los cónyuges; pero desde que ha degenerado en un puro formalismo legal, se ha convertido en una carga intolerable para muchos. Los cónyuges se han rebelado contra la institución, en una búsqueda de libertad o "realización personal" en la que el amor pasa a ser una especie de velo halagador para cubrir la divinización de la sensualidad y la exaltación del yo. El amor ha dejado de ser unión íntima de dos almas, para convertirse en sed vulgar de una felicidad superficial e inmediata, impermeable al deber; lo que acaba convirtiéndolo en una suma de dos egoísmos que entablan particular batalla; y aun en las parejas que escapan a esta batalla no pierde el egoísmo sus derechos: el amor hace nacer en ellas una especie de suficiencia eufórica, que no es sino un egoísmo individual. De este modo, los cónyuges no llegan a conocerse realmente: aman un fantasma que crean a imagen de su deseo; o, en todo caso, avanzan hacia una simbiosis de egoísmos, hacia un compromiso artificial entre dos almas que han llegado a ser extrañas y cerradas la una para la otra. A esta entronización del deseo personal y egoísta se suma una ruptura entre sexualidad y matrimonio, entre sexualidad y procreación, e incluso entre sexualidad y amor. ¿Cómo corregir esta deriva?
El amor sólo es grande y duradero en la medida en que lo nutren decepciones y dolores; desconocer lo que hay de fecundo en el dolor es la tara principal de esta época delicuescente. Ese estado de excitación o embriaguez de los sentidos que describía Lope corre el riesgo de desvanecerse como una ilusión cuando choca con las rutinas de la vida. La intimidad cotidiana resta brillo a las cualidades del ser amado; y, al mismo tiempo, hace resaltar sus imperfecciones y miserias. Entonces el amor corre el riesgo de hundirse en la aridez y la insatisfacción. Sólo el amante que aprende el realismo del amor puede sobrevivir al desvanecimiento de esa ilusión primera; sólo aquel que sabe salir de sí mismo para entregarse al otro, para sentirse ligado al otro, vencido por el otro, invadido por su destino, puede hallar la verdadera alegría del amor. El amor que vive de codiciar siempre nos deja, a la postre, hambrientos; el único amor que nos deja saciados es el que vive para darse.
Pero vivir para darse, sacrificarse por otra persona, amarla a pesar de sus defectos, incluso a causa de sus defectos, sólo es posible cuando el amor humano se conjuga y amalgama con el amor divino. El auténtico amor --escribía Thibon-- acoge al ser amado no como un dios, sino como un don de Dios; no lo confunde nunca con Dios, pero no lo separa nunca de Dios. Escribe Dante, al referirse a Beatriz: "Ella miraba a lo alto y yo la miraba a ella". Sólo así los esposos pueden conservar eternamente alma de novios. Y es que, para amar a un ser lleno de imperfecciones como somos cada uno de nosotros, es preciso amarlo más allá de sus propias imperfecciones, amarlo como mensajero divino de una plenitud que sobrepasa.

Desde Cádiz


22 de agosto de 2012

Son las tres de la mañana. Un año más estoy en las playas de Cádiz con mis hijos. Ayer me fui en tren a Madrid y he vuelto esta noche. Esta mañana tenía quimio y una madrugada más los corticoides le ganan la batalla al Orfidal. En medio de la ola de calor que azota a España, dentro de mi habitación el ambiente es insoportable. Me salgo al jardín y en cambio la atmósfera es húmeda y fresca. La marea está alta y las olas parece que rompen en el muro de la casa. Con todas las luces apagadas, sobre la playa levemente iluminada se levanta una suave bruma que intenta colarse hacia los jardines y que sin embargo no consigue eclipsar el maravilloso espectáculo del cielo sin luna y plagado de estrellas.

Por mi cabeza pasan mil historias a velocidad de vértigo. Todos los años que he estado aquí en verano, cada uno en circunstancias diferentes; guiones de películas de ciencia ficción; conversaciones pendientes con mi madre; la alegría de que mi hermana Susana haya podido finalmente venir a pasar unos días aquí conmigo; y la figura de Cristina. Pienso en ella y me emociono. En Madrid ha tenido un año muy duro: el trabajo, la responsabilidad de sacar adelante a sus hijos con un ex marido que resta siempre que puede, una madre muy mayor y el dolor de saber que su mejor amiga está enferma. Y sin embargo siempre tiene una sonrisa, un gesto cariñoso, una broma para mí, un momento de venirse arriba aunque se encuentre mal. Entre mi hermana, su marido y ella, siento que mis hijos y yo hemos sido adoptados estos días.

Pienso en el día de hoy y en estos días de atrás. Quedadas, llamadas de teléfono, emails y chats de wassap constantes: Laura, Fernando y el otro Fernando, Fiona, Tochi, Juana, Nui, Vanessa, Estela, Alfredo, Alberto y el otro y el otro Alberto, Fede, Adri, Inés, Carol, Begoña, Estrella, Sol, Miguel y el otro Miguel, Ana y Anita, Belén, Thys, Plucha, Marisa, Antonio, Paz, Adolfo, Bea, Olga, Oscar, Curro, María, Val, Virginia…cada uno desde un punto del mundo y pendientes de mí. El inmenso valor de los amigos.

Hoy en Madrid día familiar con mis padres, siempre disponibles, mi hermana Laura y sus chistes, mi cuñada María Jesús que me ha acompañado al hospital, los sobrinos. Mi sobrina Susana ha cambiado su foto de perfil de Facebook para poner una de las dos juntas. El zalamero de Guillermito y una sesión de hacer trenzas a las niñas. Y mi ahijado Víctor, con sus veinitún años, participando en las conversaciones de los adultos y ya tan comunicativo con sus cosas. Me siento realmente querida.

Mi enfermedad no va bien aún. La agresividad de la radioterapia y la quimio que me dieron en junio parece que no han servido para nada bueno. En julio me hicieron las pruebas y los puñeteros rebeldes habían avanzado, aunque por suerte aún se concentran en el pecho. La operación se descarta casi definitivamente. Me cambiaron el tratamiento de quimio pero ya me han dicho hoy que posiblemente no sea el último. Este con pocos efectos adversos: un dolor muscular intercostal que se me va pasando con antinflamatorios, un pelín de cansancio, muy leve, al segundo día, unas heriditas en la axila que les cuesta cicatrizar y nueva caída del pelo. Este otoño-invierno se volverá a poner de moda el glamour de las pelucas y de la moda traída de Italia.

Estoy pasando un verano viajero, solamente salpicado por breves estancias en Madrid para los médicos: Cantabria, Italia, Huelva, nuevamente Santander, Tudela de Duero y ahora Cádiz. Sigo llena de vitalidad a pesar de los reveses de este puto cáncer.

Estar al aire libre y poder mirar un cielo estrellado es uno de esos recursos que me facilitan cambiar el estado de ánimo de manera instantánea, del bajón a la serenidad. Poder hablar con los amigos, de mis cosas, de las suyas y de las tonterías más tontas es otro de los recursos instantáneos para pasar de la serenidad a la alegría. Disfrutar de la comida y un buen vino o botellín helado (de Mahou por favor) mantienen mis análisis casi de libro. Estar con mis hijos, verles felices y comportarse como niños de su edad, disfrutar con sus ocurrencias, es el recurso más poderoso para no dejarme vencer en esta guerra.

Y llena de proyectos de futuro que me ilusionan. El cuento que por fin está ya disponible y con el que podremos hacer cosas interesantes este otoño, seguir escribiendo y en mente, un nuevo proyecto profesional. No estoy en condiciones de reincorporarme aún al trabajo, necesito dormir mucho y allí las cosas están francamente mal. No sé si cuando me sienta recuperada tendré aún mi puesto en la nueva N+1 – Mercapital. Lo que tengo en la cabeza es algo aún sin forma definida. Necesitaré algo de formación, pero creo que tengo lo más importante, que es la capacidad de empatía, comunicación y visión integral de los problemas. No tengo prisa, ya irá definiéndose más adelante. Si tienes claro a dónde vas, el cómo suele ir apareciendo solo.

No tengo costumbre de ver las noticias: si pasa algo importante siempre hay alguien que te lo cuenta. Tampoco leo los periódicos, es un principio inquebrantable que me viene de la época en que por obligación cada mañana a las ocho durante años tenía que leerme el Expansión, Cinco días, El País, el Mundo y el New York Times, y de tantos y tantos domingos y días de verano con un marido ausente, inmerso en  montañas de periódicos que se le acumulaban y que nunca dejaba de leer aunque fueran atrasados. Sin embargo, si alguna vez de tanto en tanto cae alguno en mis manos, suelo leer algún editorial o artículo que llamen mi atención. Hoy ha sido el ABC en el tren. Una reflexión sobre el amor y el matrimonio que por cierto comparto bastante. Habla de amor humano y divino. Yo a Dios no sé qué nombre ponerle, ni qué religión aplicarle, únicamente el convencimiento interno, llamémosle fe, de que existe e influye en nuestras vidas. Lo comparto con vosotros a modo de reflexión sobre las parejas.

Espero que estéis pasando un buen verano, allá donde estéis.

Besos,

Irene


viernes, 6 de julio de 2012

Tregua


Mi Querido y Leal Ejército Aliado:
La Reina se ha retirado a descansar al castillo de verano. 
La guerra ha sido muy cruenta durante junio, mucho más de lo que me podía imaginar, especialmente en  las dos últimas semanas. La combinación de quimio y radioterapia ha sido devastadora, para mi estado físico y mental. Además de la piel achicharrada, he arrastrado náuseas, vómitos y cansancio, mucho cansancio. Un estado de apatía indescriptible, en muchos momentos no me ha apetecido ni contestar al teléfono, ni siquiera a Cristina, con eso creo que os lo digo todo. Los que tenéis acceso a mi Facebook pensaréis que estoy exagerando a juzgar por las fotos que hay ahí subidas ya que mi aspecto físico no está muy deteriorado y parece que estoy siempre de juerga, pero la verdad es que reflejan solamente las tres ocasiones “imprescindibles” en las que me he encontrado bien para salir: la fiesta de despedida de mis cuñados, la exposición de Ángela Lergo y la comida anual de Cuento de Luz. He renunciado a algunos planes bien apetecibles porque simplemente lo único que quería era estar tumbada en la cama. Eso sí, las veces que he salido ha sido para disfrutar a tope, pasármelo bien y cargar pilas. 
Aun así hubo un día, un viernes por la tarde, que saliendo del hospital lo que hubiera querido habría sido morirme: una tentación horrible de renunciar a vivir. Por suerte mi ángel de la gurda me hizo gritar, como en la canción de Jarabe de Palo, y me envió a uno de vosotros que me dijo algo así como: Irene, eres fuerte, sigue nadando que vas a cruzar y llegar a la otra orilla del río, ven, agárrate a mi remo para descansar un poco. Y entonces me contó un chiste o algo que me hizo reír. Nunca estaré lo suficientemente agradecida a este maravilloso ejército. Tal vez no seáis lo bastante conscientes de la fuerza que me dais, cada día y cada uno a vuestra manera.
Y bueno hasta aquí el relato devastador. Esos días ya han pasado, pero no quiero olvidarlos y quería que también los conocierais, para que os hagáis una idea realista de qué va esta guerra.
Médicamente parece que todo esto ha servido para algo, aunque aún es pronto para valorarlo. La semana que viene me harán unos análisis de sangre para ver qué tal me voy recuperando y a principios de agosto me harán pruebas, seguramente un TAC, y en función de lo que salga, el General y yo tomaremos decisiones. Las opciones son operarme, darme más quimio y otras que aún no me han contado. Como todo va a depender de los resultados de las pruebas y yo, de asuntos médicos no sé mucho, de momento lo único que puedo hacer es estar tranquila, comer, descansar y disfrutar de este mes de vacaciones hospitalarias. Noto que cada día que pasa me voy sintiendo mejor.
Esta semana me he venido a una cabaña de piedra en un valle de Cantabria. El noventa por ciento de lo que se ve aquí es de color verde y lo único que se oye son los pajaritos y el cencerro de alguna vaca. Hace un frío que pela, para lo que es estar en julio. Duermo con la calefacción puesta y un edredón de plumas. Si os gusta el campo el lugar es idílico para venir con tu pareja, aunque para lo que yo quería también está muy bien. El único inconveniente es que no hay cobertura de móvil. Me dedico a dormir, a leer, a meditar, a hacer fotografías y a escribir. Una vez al día voy al pueblo más cercano a hablar por teléfono, mandar algún wassap y brujulear un poco por la red. Tampoco es que esté absolutamente aislada. Estoy a media hora de Santander y ayer, aprovechando que estaba muy nublado, me fui a pasear por la playa, a darme un bañito en las aguas gélidas del Cantábrico y por la tarde de compras. No sé, tal vez os parezca que estoy un poco excéntrica, espero que me lo digáis. Yo me veo como siempre pero algo radicalizada: a veces profunda, solitaria y reflexiva; a veces alegre y sociable y a veces con ese puntito frívolo e impulsivo que hace que no me dé vergüenza gastarme lo que sea en una cazadora de ensueño, en un cuadro o en cualquier otro capricho.
Hablando de Santander, cuando le dije al General que venía para acá, no dudó ni medio segundo en invitarme a que les haga una visita este fin de semana a su mujer y a él en la casa que tienen por Comillas. Es un encanto de persona, ¿no os parece?
Sí, estoy escribiendo algo. Cosas sueltas de momento. Tengo en la cabeza un próximo cuento y el esquema de una novela, que supondría dar el gran paso de escribir algo para adultos y de ficción, no autobiográfico.
Sé que aún no ha llegado el momento para el cuento que quiero escribir. Alguno de vosotros me ha sugerido que escriba “Cuando Mamá volvió de la guerra”. Y básicamente irá de eso pero de otra manera. Toda esta guerra está suponiendo  una etapa de crecimiento personal increíble que estoy compartiendo con vosotros casi en tiempo real a través de mis emails y que se retroalimenta con los vuestros, con las llamadas de teléfono, con los gestos de solidaridad, con vuestros besos, abrazos y con las caritas llenas de corazones en los wassaps. Todo esto quiero que mis hijos lo conozcan. Hay muchos valores y enseñanzas que he aprendido, que todos estamos aprendiendo, y quiero que ellos también las tengan: El valor de los amigos; la capacidad del ser humano de amar más allá de las limitaciones físicas, temporales, culturales y espaciales; la fuerza del optimismo; la inexistencia de límites si confías en ti mismo; la inmensa suerte que es poder vivir y morir con fe; la importancia de relativizar las cosas y las situaciones, especialmente aquellas que tienen que ver con el aspecto físico y la autoestima; las ventajas de compartir y expresar las emociones aún a costa de perder intimidad o resultar más vulnerable, la práctica de la paciencia…son muchas, muchísimas experiencias y enseñanzas positivas que se van asentando día a día en mi interior y que algún día, seguramente cuando esta guerra haya terminado, saldrán nuevamente directas desde mi corazón para ellos en forma de cuento.
Con respecto a la novela, creo que os voy a sorprender. Llevo algo más de un año con ella rondándome por la cabeza, pero aún no sé si llegaré a escribirla y mucho menos a hacerla pública. El argumento va de una mujer que lleva varios años de psicoanálisis y que tras varias relaciones duraderas pero fracasadas, por prescripción facultativa se lanza a vivir una segunda adolescencia plagada de aventuras con mucho sexo y poco compromiso. De a mano de su psiquiatra, en su larga lista de amantes va descubriendo un universo masculino que se corresponde bastante bien con los patrones psíquicos estudiados por Freud y compañía. Tengo a los personajes, tengo el título y varios finales posibles. Sólo me falta decidir el estilo y encontrar las ganas de ponerme a redactar. Estoy dudando si utilizar un lenguaje directo y descarado, al estilo de Lucía Etxebarría, o meterme en el rollo novela rosa-erótica de las Cincuenta sombras de Grey. Me inclino más hacia lo primero, que para eso es una de mis escritoras favoritas; aunque lo segundo me parece mucho más fácil, la verdad. No sé, tal vez sea un salto demasiado grande, pasar de Mamá se va a la guerra a esto. ¿Qué opináis?
Por cierto, no he hablado últimamente con la editorial, pero a través de una amiga, sé que a ella ya le ha llegado el ejemplar de MSVALG que compró a través de la web de Cuento de Luz. Sí que me han dicho que el marketing del cuento y la distribución a través de librerías serán para después del verano, igual que el cuento en inglés. No tengo ni idea de cómo hacer lo de las dedicatorias que me estáis pidiendo algunos. Supongo que según nos vayamos viendo o si en algún momento se organiza alguna presentación pública.
Son las diez y media de la noche. Afuera llueve a cántaros, así está todo aquí tan verde. El paisaje me recuerda muchísimo a mi querido altiplano del Ecuador.
Veré si soy capaz de conectar el portátil a internet y enviaros esto.
Os he hablado de Lucía Etxebarría, pero hay otros escritores que me gustan mucho, especialmente Paul Auster. Comparto con vosotros una página de mi diario que he escrito inspirada en él. Como en otras ocasiones, es bastante íntima, pero espero que alguna parte os traiga recuerdos del pasado y que lo disfrutéis. Después de este email tan denso, tomadlo como una lectura de verano.
Tampoco he perdido mi sentido del humor, un poco negro. A ver si puedo mandaros también alguna foto de “bodegones”.
La semana que viene y tal vez la siguiente esté por Madrid, pero a finales de mes me escapo unos días con Cris a Positano. Sé que con el parón de junio han quedado pendientes unas cuantas comidas, cafés y copas. A ver cómo me organizo, porque quiero pasar tiempo con los niños, pero ¡¡¡también quiero veros y recuperar un poco de vida social!!!
Muchos besos,
Irene

martes, 19 de junio de 2012

Semana de descanso

Queridos todos:

Hoy el General me ha recomendado que me vaya tranquilita a casa y no me ha puesto ningún tratamiento. Según él me lo podría haber puesto sin problemas, pero tengo las plaquetas un pelín más bajas de lo habitual y ha considerado que el chute de esta semana me lo podía perdonar. No tengo que ir a recuperación así que... ¡¡¡ME QUEDA SOLO UNA ANTES DE LAS VACACIONES!!!

Me viene bien el descanso porque la verdad es que ando con el cuerpo rarillo, así estilo embarazada con antojos, para que me entendáis.

Besos,
Irene

viernes, 15 de junio de 2012

La cosa no va mal


Mi leal Ejército Aliado

He querido esperar hasta hoy para hacer este informe y poder daros noticias actualizadas desde el campo de batalla. Me centro en los dos asuntos de actualidad, la guerra y el cuento. Hoy no estoy especialmente mística, así que os libráis de mis "reflexiones sobre la vida".

La guerra:

Ya llevo más de la mitad de las sesiones de radioterapia. Después de la de esta tarde, me quedarán diez!!! Menos cansada que los primeros días y con la piel poniéndose "morenita" sin quemarse ayer la Coronel del Cerro, jefa de la Unidad de radiología del hospital me dijo que ya se empiezan a ver los efectos positivos, pero que esta terapia alcanzará su grado máximo a finales de julio. El General Hornedo, que me vio después, me confirmó que se me ve mejor y que en julio me van a dar descanso de tratamientos y que ya en agosto me harán pruebas y decidiremos los siguientes ataques. Me dijo que aún no piense en operaciones, no sé si porque es tan optimista que cree que a lo mejor no hace falta operarme, porque quiere que esté tranquila o porque con mi caso ya no se aventura a predecir nada.

Yo como siempre me quedo con lo bueno: voy mejorando, no me encuentro muy mal, me queda medio mes de tratamientos y luego uno entero de relax.

El cuento:

Tengo en mi poder uno de los tres ejemplares que existen hasta ahora. Llegaron en "pre-producción" justo a tiempo para que Ana se los llevara a la Book Expo of America. Ha quedado precioso y por lo que me ha contado, ha habido mucho interés por parte de los distribuidores americanos y puede ser un exitazo!! Este cuento, su concepción, cómo ha sido el proceso de editarlo, cómo alguno de vosotros os estáis implicando en difundirlo y lo que traerá, está siendo un estímulo constante. Hoy una web infantil publica un avance: http://actividadesparaninos.es/un-nuevo-cuento-mama-se-va-a-la-guerra-de-la-editorial-cuento-de-luz
Saldrá a la venta en unos días, antes de finales de mes. Lo podéis comprar en la tienda online de Cuento de Luz http://esp.cuentodeluz.com/cuando-mama-se-puso-la-corona/ o también con el ISBN encargarlo en las librerías. ISBN: 9788415503163

Y si se os ocurren ideas para venderlo mucho y que llegue a alguien que le pueda ser útil, ni lo dudéis en contármelo.

El jueves pasado se lo enseñé al General Hornedo...¡estaba encantado con sus retratos y con todos los dibujos! De hecho, me preguntó si podría utilizar alguna de las ilustraciones. Él participa asíduamente en congresos internacionales sobre cáncer y se le ocurrió que sus presentaciones quedarían más amenas con los dibujos de Momo. Citando todos los copyrights, es una buena forma más de difundir el cuento ante un público "especializado".

Y allí mismo en el hospital, tuve ocasión de presenciar a la primera persona ajena a mí que lo ha leído todo junto, texto más ilustraciones en formato libro. Fue una señora joven que estaba acompañando a un hombre en la sala de quimio. Nos oyó a Nieves, la enfermera, y a mí hablar sobre el cuento y se acercó para pedirme si le dejaba leerlo. Yo me hacía la dormida, pero desde mi sillón observaba cada uno de sus gestos. La vi seria al principio, la vi reírse y la vi llorar. Cuando terminó se acercó para felicitarnos, me dijo que lo compraría, que lo recomendaría y que consiguiese que el hospital tuviera algún ejemplar como lectura. Y por último dijo algo que me reconfortó mucho: "siempre que se habla del cáncer es para resaltar lo malo, pero lo cierto es que gracias al cáncer se viven muchas cosas buenas, y este libro es un claro ejemplo". Como primer comentario de un lector...¡no está nada mal!

Otro amigo me comentaba anteayer otra idea. Contactar con los departamentos de RSC de algunas empresas para que lo difundan, bien a través de sus páginas web o bien mediante donativos para adquirir ejemplares y donarlos, por ejemplo, a hospitales.

Mis cuñados quieren también organizar una presentación del libro en Alicante, junto con una librería que se llama El elefante en el sombrero. Sería bajo la cúpula geodésica que acaban de construir en su granja escuela, un lugar mágico.

En fin...empiezo a hablar de esto, me emociono y no paro.

Os paso una foto del stand de Cuento de Luz en NY (fijaos bien) y otra de la cúpula.

¡Que paséis un buen fin de semana!

Un beso,

Irene

sábado, 2 de junio de 2012

Un día especial


Queridos amigos y hermanos:

Últimamente todos los días son especiales. Una conversación interesante, una noche de estrellas, un gesto de generosidad, una comida que sabe rica, alguien que viaja cientos de kilómetros por pasar un rato conmigo, un beso extra de los niños...este es el tipo de cosas que hacen mis días especiales.

Pero en estas semanas desde que no os escribo ha habido un día aún más especial que los demás: el martes 22 de mayo. Se presentaba oficialmente la Fundación Stanpa y el inicio en España del programa "Ponte guapa, te sentirás mejor" que como sabéis nace para apoyar a mujeres en tratamiento oncológico y recibirá mis royalties por Mamá se va a la guerra. Aquí va algo de información:

http://www.compromisorse.com/acciones-rse/2012/05/24/fundacion-stanpa-presenta-en-espana-su-programa-ponte-guapa-te-sentiras-mejor/

El caso es que Mari Val, que es la directora de Stanpa y amiga mía y de unos cuantos de vosotros, organizó un acto fantástico en el Club Financiero y entre las muchas y muy eminentes intervenciones del día, tuvo la gentileza de invitarme a mí a participar con la lectura de una parte del cuento. Por favor echad un vistazo a las fotos. Hicieron un panel precioso con la portada del libro:

http://www.stanpa.com/60-aniversario/fotos.pdf

Yo iba un poco nerviosa, porque eso de hablar en público y encima de algo tan personal, me imponía mucho pero bueno, como todas las cosas que se hacen con sinceridad y corazón, salió bastante bien. Al principio Val presentó el programa a los donantes y asociados. Una presentación super clara y amena propia de una profesional como la copa de un pino (nena, si estás donde estás no es por tu cara bonita, aunque también la tengas) y después mi turno para poner el toque emotivo al evento. Desde el atril no os podéis imaginar la impresión que daba ver a todas esas personas escuchándome en un silencio absoluto y mirándome con los ojos como platos y alguna que otra lagrimita. También intervinieron un oncólogo muy conocido, la directora del proyecto en USA y la vicepresidenta de la Asociación Española contra el Cáncer.

Cuando acabó el acto, había un cóctel y hubo muchas personas que se acercaron a felicitarme y a interesarse por el cuento. Estuvo genial que Ana Eulate pudiera asistir también. Como el cuento aún no está físicamente editado, se trajo los "ferros", que es un ejemplar de prueba que mandan de la imprenta, y así pudimos enseñarlo y hablar de él con bastante gente. La directora del programa en USA quería organizar algo para cuando salga el cuento allí, después del verano e incluso ¡¡¡el director del programa en Italia se interesó por la posibilidad de traducir el cuento al italiano!!!

Como anécdota, contaros que por alguna razón, tal vez por dar ejemplo, tenía muy claro que ese día tenía que llevar peluca. El caso es que al día siguiente se puso en contacto conmigo una chica que trabaja en la AECC, porque la vicepresidenta le había llamado para decirle que mi peluca era ideal. Pues hablando con ella, resultó ser la sobrina de mi oncólogo y me preguntaba lo de la peluca para un familiar cercano.

En fin, tenía ganas de compartir esto con vosotros. Este cuento empieza a andar y yo no puedo dejar de sorprenderme de la trascendencia de todo lo que hacemos, incluso de lo que hacemos intuitivamente, sin mucho pensar.

Por lo demás, aprovecho para poneros al tanto de asuntos médicos.

Tengo el pecho izquierdo duro como una piedra y muy inflamado. El tratamiento que me están poniendo ahora, combinando quimio con radio busca frenar el crecimiento del tumor y reducirlo a tope para que la operación sea lo menos agresiva posible. Me está resultando duro de sobrellevar.

Todos los días de lunes a viernes al hospital para la sesión de radioterapia, hasta finales de junio. No duele, pero es cansado tanto ir y venir y es cansado porque también ataca las defensas. De momento no se me ha chamuscado la piel, llevo 7 sesiones de 25. Me han dicho que con la radio no voy a notar mejoría por lo menos hasta la tercera semana de tratamiento y que luego sigue haciendo efecto un mes después de que dejan de irradiarte.

La quimio que me están poniendo ahora está pensada y calculada para que sea compatible con la radio. Entre unas cosas y otras son siete pastillas y una inyección diarias y una vez a la semana un chute intravenoso de casi tres litros de sueros más otro litro de medicinas. Me la estarán poniendo mientras dure la radio o algo más. Para esto el general no me ha dicho cuántos ciclos.

Lo que sí me ha dicho es que los análisis siguen saliendo bastante bien, la hemoglobina, los leucocitos y los famosos neutrófilos, y que gracias a esa fortaleza que está demostrando mi cuerpo es por lo que me están pudiendo aplicar tantos tratamientos. No sé, yo cada día me siento más cansada y los sábados, como hoy, son mortales, es como si me quitaran las pilas y perdiera toda mi vitalidad. No me apetece hablar ni ver a nadie, estoy más tristona y es cuando aprovecho para llorar algún ratillo. Esto os lo cuento, no para deprimiros, porque mañana se acabará el NADIR (en términos oncológicos, momento de máxima bajada de defensas entre ciclo y ciclo de quimio, también conocido como "los días perros") y empezaré a remontar. No, os lo cuento porque alguno de vosotros estaba preocupado por mi optimismo apabullante y pensaba que podría estar bloqueada emocionalmente. Posiblemente yo tenga bloqueos como todo el mundo, heridas que cicatrizan mal, pero os aseguro que de vez en cuando lloro y me desahogo y que cuando estoy contenta lo estoy sinceramente y me gusta exteriorizarlo. Por lo demás, el cansancio a días es el único de todos los posibles efectos secundarios que estoy teniendo, los demás o son muy leves o inexistentes, así que doy gracias una y mil veces por este bendito cuerpo, con un tumor sí, pero por lo demás fuerte y sano.

Paralelamente sigo con el reiki y la sanergía. María me está aplicando varias terapias sucesivas y simultáneas. Contároslas todas sería muy largo y además seguro que metía la pata, porque esto de las energías es bastante complicado, se mezclan conceptos de física cuántica y biología molecular con otros más espirituales (y con esto no me refiero ni a religión ni a esoterismo).

En unas semanas, cuando todo esto haya acabado, nunca sabremos si me curé por la medicina holística, por las estrategias del general o por mis ganas y las vuestras de verme bien. Seguramente sea una mezcla de todo ello.


En fin, los sábados no es un buen día para escribir correos, pero ya pasaban muchos días sin dar noticias y si mañana ya estoy mejor quiero ir a la Feria del Libro. Sé que tengo que dosificar las salidas que me supongan esfuerzo, pero tampoco es plan de encerrarme en casa.


Gracias a todos, a los que preguntáis sin agobiar, a los que actuáis y a los que preferís respetar mis silencios.

Un beso muy fuerte,
Irene

viernes, 11 de mayo de 2012

¡¡¡Recogida de Príncipes organizada!!!


¡Hola! Sois la caña chicas.

Ya está todo organizado. Salvo el miércoles, que seguramente pueda ir yo, los va a recoger su papá, de lo cual me alegro muchísimo.

Gracias Alberto y gracias mamis!


Un beso
Irene

P.D. Perdonad los que no tenéis que ver nada con esto

Desde el frente de batalla


Querido Ejército Aliado:

La Reina ha estado bastante ocupada últimamente con el Mando Mayor y por eso no ha podido comunicarse.

Me temo que este parte va a ser largo y aunque trataré de mantener mi sentido del humor habitual, os advierto que puede haber asuntos de Estado serios. Es un aviso a navegantes para los que prefiráis leerlo en otro momento.

Empiezo por el parte de guerra:

Como os contaba en el último informe, el General, para poder redefinir la estrategia me mandó a todos sus aviones de reconocimiento, paracaidistas y espías.  Tenemos nuevas imágenes y resultados de laboratorio, un nuevo diagnóstico y una nueva estrategia.

El diagnóstico es que tengo un tumor en el pecho izquierdo que responde a una anatomía patológica de cáncer de mama sensible a los estrógenos, bastante resitente a la quimioterapia y agresivo. Este no había aparecido hasta ahora y cuando lo ha hecho ha sido de forma rápida. Adicionalmente tengo partes de la piel de la axila y la espalda afectadas. La situación no es desesperada porque no está extendido a otros órganos o glándulas del cuerpo, y porque en cambio me ha desaparecido de los ganglios axilares. Estas dos últimas informaciones son importantes y muy buenas. Estoy en uno de esos casos que los militares llaman atípicos, lo cual, hace esta guerra más difícil, porque todas las estrategias probadas hasta ahora en otras guerras, puede ser que funcionen, o que no.

La nueva estrategia por tanto sí es un poco desesperada y casi la única, ya que la operación en este momento sería posible pero demasiado "mutilante". Se ha probado muy pocas veces en cáncer de mama, aunque sí mucho en otro tipo de cánceres, como el de útero o colon. Consiste en combinación de radioterapia con quimioterapia. No quiero daros aquí muchos detalles, por no extenderme.

La quimioterapia es todas las mañanas de los jueves (hoy ha sido la primera) sesiones de muchas horas, unas cinco. Durante dos meses. Efectos secundarios: posibles vómitos y posible afectación de los riñones. Ambas cosas están hipercontroladas para poder suspender el tratamiento en caso necesario o para paliar malestares. Así que no me preocupan. Tengo que beber mucho eso sí. De hecho ahora mismo estoy estupenda. Me dio una bajada de azúcar durante la sesión, cosa que arreglamos rápido con seis huesitos, un donut de chocolate y un zumo de tetra brick. Comí como una campeona un gazpachito, un entrecotte y piña, merendé unos nísperos y cené un bocata de salchichas con un botellín. ¿Explicará eso los tres kilos entre ayer y hoy? Eso sí, con pocas ganas de cocinar y las alteraciones de sueño típicas que ya conocéis por el efecto de los antihistamínicos y corticoides: siestón por la tarde y luego con los ojos como platos a las tres de la mañana.

La radioterapia: entre 25 a 30 sesiones diarias de 10 minutos. Aún no saben si me la podrán dar, porque se tienen que asegurar absolutamente de que no van a tocar el corazón y los pulmones. Sí, entramos en la fase de las bombas atómicas. Efectos secundarios: cansancio y quemaduras cutáneas. No me voy a volver radiactiva, puedo estar con los niños. Posible problema: mala cicatrización en cirugías; porque habrá cirugía en otra fase posterior. Empezaré en torno al día 21 de mayo.


En vista de todo esto, he hecho recuento de fuerzas propias y ajenas.

Físicamente: como equilibradamente pero con lo que me pide el cuerpo en cada momento, no necesito hacer ninguna dieta especial, es más, sería contraproducente para mi estado mental, ya que no tengo la constancia para seguirlas y, hasta ahora, sí la suerte de mantener el peso y los análisis bien. Bebo muchos líquidos: agua y zumo sobre todo, pero el consumo responsable de cerveza y vino no están contraindicados en absoluto. Duermo muchísimo: por las mañanas hasta bastante tarde y luego siestecitas vespertinas. La piel: miles de cremas y nada de tomar el sol. Pelo: Creciendo, ya voy sin peluca algunos días. Deporte: paso, no me sienta muy bien. Viajes: de momento no. Masajes tampoco. Y hasta aquí os voy a contar de cuidados y actividades físicas.

Espiritualmente: además de la moral que me aporta el Ejército Aliado, del que os hablaré más adelante, he incorporado a filas a María Domenech. Terapeuta, sanergista y un montón de cosas más. Hemos empezado por llevar a cabo unas sesiones de reiki que me hacen sentir muy bien. Obviamente, esto es un complemento a la estrategia del General, quien lo ha visto con muy buenos ojos pues es de la opinión de escuchar siempre al paciente y generar en él una actitud positiva y un estado de ánimo equilibrado. Tampoco me quiero extender con esto, pero de manera muy burda, el reiki es una técnica que consiste en una recolocación de las energías vitales y produce, entre otras cosas: aumento de defensas, liberación de malos rollos emocionales y preparación del cuerpo para un estado físico y mental de equilibrio y conciencia. No os extrañéis si a partir de ahora me percibís más metafísica de lo que ya es habitual en mí, que entre la cena de hadas del otro día y esto ¡en cualquier momento cambio de dimensión!

Laboralmente: Por suerte o por desgracia, voy a seguir de baja un tiempo. Había valorado la posibilidad de reincorporarme, pero en vista de la nueva estrategia, no va a ser ni posible ni aconsejable.


El Gran Ejército Aliado: Desde el Zar de Rusia hasta mi queridísimo batallón en Ecuador, mi soldado vigía en Agentina, las fuerzas de apoyo en Londres y Nueva York, las conexiones hispano-belgas, hispano-holandesas, hispano-brasileñas, hispano-italianas, hispano-suecas, mi Capitana del flanco oriental y el Comandante del flanco occidental, mis incansables exploradores y exploradoras que se reportan desde cualquier parte del mundo, y por supuesto el gran ejército en España: el Cuerpo Especial de Hadas, Reinas y Divinas y los Escuadrones de tierra, mar y aire; todos valientes y algunos de ellos, además, orgullosos de ser españoles. Nunca entenderé por qué hice esto de mandar los partes de guerra a un grupo de amigos tan extenso, pero estoy encantada de haberlo hecho. Sois alimento para mi alma y fuerza para la guerra.

Los Príncipes: Están estupendamente, creciendo y preparándose para ser Reyes, y no es percepción mía, sino de todos los que de un modo u otro tratáis con ellos.

Y por último, la sección de peticiones y misiones pendientes de adjudicar (pediré con mucho cuidado, que la última vez que hice algo parecido...¡se organizó una Cena de Hadas impresionante!):

- No os molestéis si no contesto a todos los correos o llamadas. Me encantaría poder hacerlo, pero Movistar ha decidido no darme cobertura dentro de casa y además ¡duermo mucho y no me da tiempo!

- Quiero evitar en lo posible hablar una y otra vez de los tratamientos, las estrategias y demás. Espero que este parte esté bastante informado y claro. No obstante, entiendo que los que sois médicos queráis más detalles. Os los daré con gusto si os apetece.

- La semana que viene necesito que alguna integrante del Cuerpo de Hadas de Boadilla me recoja a los Príncipes por la tarde en el cole y me los deje en palacio, que estará el servicio para recibirlos.

- Más adelante, si la radio me cansara mucho, igual necesito que alguno de vosotros se lleve a los enanos durante el fin de semana. Informaré en el momento oportuno.

- Las sesiones de quimio de los jueves por la mañana van a ser eternas. Agradeceré voluntarios o voluntarias que se ofrezcan a hacerme compañía algún rato.

- Nui, por fa, consígueme el listado de precios de LAN, me estoy quedando sin vino en casa.

- Cuñadito, esa visita guiada a la fábrica de Mahou...igual tenemos que aplazarla. Lo mismo que la visita al Prado que me prometiste, Chumilla.

- Julia, no me mates si el viernes no aparezco por la fiesta. Nada me gustaría más que estar con vosotros ese día, pero ya sabéis, al tran-tran.

- Begoña, mañana te paso el pedido de las cremas y las droooooogas.


A cambio, ¿qué os puedo ofrecer? Ahora poquito tiempo y menos aún cosas materiales.

¡Me tenéis a mí!


Aunque no sea muy propio de una Reina en el frente a su Ejército Aliado, os mando un beso muy, muy fuerte.

Irene

lunes, 7 de mayo de 2012

Emulando a Auster


Acabo de terminar de leer el Diario de invierno de Paul Auster. Es el primer libro que consigo acabar en meses. En mi mesilla de noche se amontonan exactamente treinta publicaciones. Poesía, novela, psicología, ensayo. Algunas de ellas las leí hace tiempo y me gusta tenerlas cerca, por lo que me resisto a subirlas a la biblioteca de la buhardilla. Son libros a los que vuelvo de vez en cuando para releer algunos pasajes al azar. Pero la mayoría de los que se acumulan son ejemplares que he comprado bien por impulso bien porque me los ha recomendado alguien y que una vez empezados no consiguen engancharme, porque simplemente no sintonizan con mi estado de ánimo o porque, seamos sinceros, no me gusta cómo están escritos.

Tuve una época hace un año en que leía bastante a Jorge Bucay. Desde el camino de la autodependencia hasta el camino de la espiritualidad, su estilo divertido y a la vez claro, me ayudó a entender mejor mi propio camino en esta vida. Bucay me descubrió a su vez a Osho, y esa es la razón por la que reposan unos junto a otros diversos libros de filosofía oriental como El libro tibetano de la vida y la muerte y El vagabundo de Gibran Khalil Gibran. Por contraponer un poco de ciencia de divulgación a tanta filosofía, apoyados junto a la pared, descansan el inmenso volumen de El viaje a las emociones de Eduardo Punset y El cerebro masculino, escrito por una neuróloga americana. También hay dos o tres libros en francés, para no perder la práctica con el idioma, y varios de poesía española contemporánea: Luis Alberto de Cuenca, García Montero, Gil de Biedma, Antonio de Villena.

Hace un año o algo más se marcó el comienzo de una nueva época en mi vida. El encuentro inesperado con mi espiritualidad. Dicen que todo está dentro de uno mismo y yo siempre he tenido un mundo interior muy rico, sin embargo, tuvo que ser una experiencia que en mi percepción fue externa, la que hiciera que ese mundo interior sufriera un vuelco para avanzar un paso más. No era algo que yo anduviera buscando y sin embargo, en aquella madrugada de febrero, en la que mi tristeza no podía ser mayor, se abrió la puerta de mi espíritu, sentí que me iluminaba, que me desaparecían todos los apegos y que me invadía la paz y la alegría.

Pero no es de esto sobre lo que quería escribir hoy, sino de libros, de historias que te marcan, de palabras encadenadas con tal maestría que te hacen olvidar quién eres.

Recuerdo el día que compré aquel ejemplar de El vagabundo. Tendría catorce años y estábamos en medio de uno de aquellos veranos eternos de cuando éramos estudiantes. Tres meses de inactividad intelectual que acababan haciéndoseme muy largos. Devoraba los libros que había en mi habitación, los del bibliobús y empezaba a hacer incursiones en la biblioteca de mi hermano. Pero aquella tarde de verano, no recuerdo si sola o acompañada, andaba dando vueltas por el Jumbo. Este era uno de los primeros hipermercados que se habían abierto en Madrid. Aquello era un nuevo concepto de tienda: una gran superficie, con aparcamiento subterráneo, línea de treinta cajas y carros enormes con asiento de bebés para que los fueras llenando con todos los productos que encontrabas en las interminables hileras de pasillos, incluidas aquellas cajas con doce litros de leche en Tetra-brick. Pero la novedad era que en la misma tienda se integraban alimentación envasada, productos frescos, droguería, artículos de decoración, ropa y calzado, juguetes…y libros. Así que seguramente mientras mi madre se perdía por aquellos largos pasillos en los que había tal cantidad de marcas de galletas

que su elección se hacía un reto, yo me quedaba zascandileando por la sección de libros. No solían ser ediciones cuidadas, sino de bolsillo. Ni siquiera los tenían expuestos en estanterías. Recuerdo aquellas mesas-cajón en las que se mezclaban, todos a cinco o diez duros, El lazarillo de Tormes, con los Cuentos de los hermanos Grimm, con un libro de recetas de cocina. Allí fue donde nos encontramos. Me llamó la atención el título: El vagabundo, seguramente porque me identificaba con él, ya que siempre me he sentido un poco vagabunda en esta vida. Después me hizo gracia el nombre del autor, porque era capicúa. Tal era mi indolencia que me dejaba llevar por la sonoridad de los nombres y cosas así. La portada en tapas blandas tenía una ilustración, nunca supe qué representaba, en colores amarillo, rojo y azul. Espantosa. Lo abrí y entre aquellas páginas de papel de baja calidad, medio anaranjado, en unas letras de imprenta de esas que son medio borrosas, leí uno de los primeros cuentos, y decidí comprarlo.

Siempre he sido así de impulsiva a la hora de comprar libros. Igual voy con una idea, pero ojeando por la librería, un título, un nombre o una reseña llaman mi atención y no dudo en llevármelo. Muchas veces me he equivocado, pero otras, como con El vagabundo, he descubierto pequeñas joyas. Por un impulso también descubrí a Juan Bonilla o más recientemente a Eudora Welty.

La mayoría de mis libros se quedaron en la casa donde vivía antes de divorciarme y cuando la vendimos, encontraron acomodo en la biblioteca del nuevo salón de mi ex. Algunos de esos libros (pocos) no me gustaron, o los dejé a medias, y otros que adoré, sin embargo no volvería a leerlos. Pero a pesar de ello, no puedo evitar una punzada de rabia cada vez que voy allí y los veo convertidos en objeto de decoración. Porque para mí son páginas y páginas de palabra tras palabra, historias que alguien inventó y que llenaron horas y horas de mi vida, sumergida en otras vidas. Así que son una parte de mí que se ha quedado ahí, en una casa desconocida de alguien que cada vez me resulta más ajeno.

Es cierto que nunca me ha negado que me lleve lo que quiera, y también es cierto que alguna vez, a hurtadillas, mientras esperaba a que los niños bajasen a verme, me he guardado en el bolso algún libro que de repente he descubierto y que me decía ¡llévame contigo!

La conclusión es que en esta casa tengo pocos libros, pero casi todos me gustan, porque me voy trayendo poco a poco “los imprescindibes”. Así, y quitando a muchos clásicos, que se los dejo a los niños en casa de su padre, están conmigo Platón y sus Diálogos, Neruda, Machado y García Montero, Amélie Nothomb y Lucía Etxebarría, Rilke, Kafka, Pérez-Reverte, Cela y Vasco Pratolini, Saramago, Pamuk, Antonio Tabucchi y por supuesto mi adorado Auster.

A todos ellos los admiro. Al que no es por sus historias inolvidables, será por la sonoridad de sus palabras o por el ritmo de sus versos o por la credibilidad de sus personajes. Sinceramente, me gustaría escribir la mitad de la mitad de bien que cualquiera de ellos.

“En cierto momento, algo empezó a abrirse en tu interior, te encontraste cayendo por la fisura entre el mundo y la palabra, el abismo que separa la existencia humana de nuestra capacidad para entender o expresar la verdad de la vida”. “El acto de escribir empieza en el cuerpo, es música corporal, y aunque las palabras tienen significado, pueden a veces tener significado, es en la música de las palabras donde arrancan los significados” (Auster. Diario de invierno 2012)

A él las palabras dice que le vienen andando. A mí conduciendo. Cuando voy sola en el coche, sin música, silencio total para oír las palabras que van apareciendo en mi cabeza. A menudo diálogos imaginados con personas que conozco, pero que en realidad no son ellas, sino quienes yo quiero que sean, diciendo las palabras que yo quiero oír. Imagino situaciones imposibles: a veces un intercambio romántico con alguien que en absoluto lo es, o una discusión con mi madre en la que le digo cosas que jamás me atrevería a decirle, o modifico y mejoro conversaciones reales, completándolas con frases más sonoras, más acabadas, más literarias.

El viaje diario entre Boadilla y el centro de Madrid es uno de esos momentos. A las nueve de la mañana, cuando voy a trabajar, suele haber mucho tráfico y el trayecto puede durar una hora. A veces pongo la radio, por saber si ha pasado algo grave en el mundo, pero a esa hora los noticieros son muy rápidos y empiezan las tertulias políticas que, no sólo me aburren soberanamente, sino que puedes estar sin oírlas un mes y cuando vuelves a escucharlas, parece que hubieras retomado la última, porque siempre hablan los mismos y de lo mismo: la crisis, el paro, la situación económica, la corrupción política. Entonces desconecto todo sonido para empezar a escucharme a mí misma. Y supongo que entro en ese abismo que menciona Auster en el que en un lado está mi existencia humana, la real, la Irene que conduce un coche, que va a trabajar, que tiene dos hijos y un cáncer, y en otro mi capacidad para entender o expresar la verdad de la vida, lo que escribo, lo que imagino, lo que interpreto y luego se transforma en palabras mejor o peor encadenadas, con más o menos música y por tanto, con mayor o menor significado.

El trayecto de vuelta suelo hacerlo a primera hora de la tarde. Tantas veces he hecho ese recorrido en los últimos trece años que el coche se sabe solo el camino y ahora que lo pienso, no me extraña que nunca sepa indicar a los amigos que vienen a casa el número de la salida de la M40 que tienen que coger. Creo que nunca me he fijado en ese detalle porque siempre voy pensando en mis historias.

Leer, imaginar, escribir; escribir, leer, imaginar; imaginar, leer, escribir. Toda combinación es posible, como posible es aún mi sueño adolescente de ser escritora.

Irene

7 de mayo de 2012

sábado, 28 de abril de 2012

Que estoy bien...


Querido Ejército Aliado:

¡Cumplís vuestra misión a la perfección! Mil gracias por todos los mensajes que me habéis enviado. Me gustaría responderos a todos individualmente, pero no sé si me dará tiempo.

No quería preocuparos en exceso. Estoy bien, de verdad. Si hay algo que considero una prueba difícil en todo este proceso, es la de aprender a ser paciente...y voy consiguiéndolo poco a poco. La otra prueba es la de aprender a disfrutar del momento, pero en eso, chicos... ¡he hecho un máster!

Aunque todos habéis dado vuestra opinión sobre si es bueno o no que me operen, prefiero no valorarlo hasta que me lo explique bien el General. Ha estado un poco hermético las últimas veces y creo que, siendo un hombre prudente, prefiere no liarme y contarme las cosas cuando tenga toda la información de las pruebas y la estrategia claramente definida.

¡Lo del cuento va viento en popa! Ya he dado mi OK a las versiones en castellano y en inglés...los príncipes Sergio y Javier, en la versión inglesa pasan a ser ¡Princes Simon and James! Y ya no os cuento más para no quitarle el efecto sorpresa. Saldrá enseguida a imprenta y ahora toca esperar un mes o mes y medio. Os mando una foto de mi nueva compañera.

Muchos besos,
Irene