Empezando esta aventura

EMPEZANDO ESTA AVENTURA

Por fin aquí está la sorpresita que os venía anunciando estos días.

Espero que este espacio llegue a ser un lugar de encuentro interactivo; ese libro de visitas; el diario de bitácora en el que también vosotros reflejéis libremente vuestras impresiones y emociones, y así nos enriquezcamos todos.

¡Ojalá que os guste! Irene

martes, 23 de julio de 2013

¿Ciencia ficción?

Querido Ejército Aliado:

Os dije que me daba de plazo este mes para diseñar mi nueva estrategia y ya está en marcha.
No sé si contaros todo lo que me ha pasado en estos días en forma de cuento porque, sin duda, parecería más una novela de ciencia ficción.

Voy improvisando con el teclado, a ver qué me va saliendo.

Hace unos días leía una reflexión de Tom Peters escrita poco después de los atentados del 11-S: “Por lo que se refiere al tema militar, tenemos la estructura perfecta para vérselas con la (antigua) Unión Soviética… y una pésima estructura para enfrentarse con Al Qaeda”.

Después de la última reunión con mi General, comprendí que hemos estado combatiendo contra unos rebeldes del siglo XXI, utilizando un armamento concebido para otro tipo de enemigo.

Tras estos casi dos años, reconozco que ya no me siento tan identificada con la metáfora militar como cuando escribí Mamá se va a la guerra. El cáncer, esos rebeldes, me ha enseñado muchas cosas: me ha hecho crecer, ser mejor persona, enfrentarme a muchos fantasmas, abrirme más, profundizar en mis relaciones, hacer cosas que jamás imaginé… Es cierto que puede matarme, como tantas otras cosas, y que me gustaría quitármelo de en medio ya, pero también que ha dado un nuevo sentido a mi vida. Pero bueno, no es momento ahora de ponerme a filosofar sobre la vida y la muerte.

Voy a la estrategia. Estuve viendo a los médicos de investigación del Centro Clara Campal y me ofrecieron, si mi tumor reunía ciertas condiciones genéticas, entrar en alguno de los ensayos que tenían en marcha. Me quedé con la información y les dije que ya les diría algo, porque quería ver a más médicos.

La semana pasada estuve con mi hermana Susana en Barcelona, viendo a los oncólogos del Vall d’Hebron. Surgió esta posibilidad a raíz de la generación de opciones que hicimos entre todos hace unos días y debo decir que he recibido trato de “Paciente VIP” y quiero agradeceros, una vez más, que hayáis puesto a mi disposición vuestra red de contactos.

El caso es que en Barcelona se me han abierto nuevas puertas a lo que podríamos llamar “estructura militar del siglo XXI” o terapias personalizadas basadas en la biología propia del paciente. Me han incluido en un estudio que se llama Winther y que se está llevando a cabo en seis hospitales del mundo simultáneamente con 200 pacientes de cáncer que reúnen ciertas condiciones. Los hospitales son el MD Anderson de Houston, Institute Gustave Roussy, Hospital Vall d’Hebron, Chaim Sheba Medical Center, McGill Segal Cancer Center and University of California, San Diego Moores Cancer Center. El objetivo de este estudio es probar una nueva tecnología de análisis del genoma humano y una herramienta informática de predicción de eficacia de los tratamientos disponibles en el mundo, en un tiempo que sea asumible para los pacientes y a un coste razonable.

En resumen, me han sacado unas muestras de tejido dañado y otras muestras de tejido sano, las van a analizar sacando el genoma completo de cada una, toda la estructura del ADN, del ARN y el Micro ARN (ni idea de lo que es) y esa información, la van a procesar informáticamente con un programa que contrasta todos los datos disponibles hasta ahora en cuanto a tratamientos aprobados o en fase de ensayo, biomarcadores, alteraciones moleculares y algoritmos de predicción de eficacia. Se mete todo en la coctelera y el resultado son unos informes que ponen a disposición del oncólogo en donde listan las alteraciones genéticas y los tratamientos recomendados para ese caso concreto por orden de probabilidades de eficacia. Todo eso en un plazo de seis a ocho semanas. Si os interesa conocer más detalles, hay bastante información en Internet.

En el correo anterior os ponía que me parecía que el primer paso importante en mi estrategia era encontrar al patólogo que pudiera obtener la mayor y mejor información sobre mi tumor. Bien, pues creo que he dado con el equipo idóneo. Esto ya no es biología hi-level, es más como un viaje al futuro.

¿Eso garantiza que vaya a tener un tratamiento eficaz? No, pero por lo menos tendremos mucha información muy fiable y podremos tomar una decisión más acorde con mis características personales y no basada en protocolos estándares.

¿Por qué mi tratamiento actual ha dejado de ser eficaz? Los médicos especulan sobre un posible cambio en mis niveles hormonales o en la receptividad del tumor a los estrógenos (es poco probable, un 2% de casos, pero lo vamos a verificar) o, como hipótesis más probable, que haya nuevas alteraciones genéticas, aparte de aquellas que os conté del Pten y el M-tor. Digamos que las células cancerígenas, como todas las células, pienso yo, buscan vías alternativas para seguir alimentándose y reproduciéndose, pero estas lo hacen más deprisa de lo necesario.

Mi pálpito personal desde hace tiempo, y no sé cuánto de acertado estará, es que una de las pastillas anti-hormonas que me estoy tomando no está consiguiendo el efecto deseado. Mi intuición se basa en un sentimiento interno difícil de explicar cuando cada noche me tomo la pastillita amarilla de Letrozol. El caso es que coincide con el criterio científico del oncólogo de Barcelona de que, como medida transitoria hasta tener los resultados del Winther, lo que él propone es cambiar el Letrozol por otro tratamiento hormonal diferente, cosa que a Hornedo le ha parecido bien y hemos hecho hoy. Porque, de momento, el veterano General sigue siendo mi oncólogo de cabecera.

También me he enterado, gracias a esa curiosidad mía que me hace freírles a preguntas a los médicos, que los procesos inflamatorios favorecen que los tumores se desarrollen, y justamente en abril, entre las pruebas de marzo y junio, es cuando estuve ingresada con la inflamación horrible del brazo.

Ufff, esto me está saliendo muy largo y ¡aún no os he contado lo de los ratones!

Sí, como lo oís. Que le gasté la broma a Hornedo hace meses de que si hacía falta yo me convertía en ratona y, más o menos, va a ser así, pero a la inversa. Hay un ratoncito en Barcelona al que le han implantado un trocito de mí. Esta es una línea de investigación paralela que puede dar resultados en seis meses como pronto. La idea es que a este pobre ratón, que ya nació para destinar su vida al progreso de la ciencia, le van a inducir un tumor igual que el mío, para obtener una muestra más grande a la que poder aplicar diversas combinaciones de fármacos y ver cuál podría funcionar en mí.

Entiendo que todo esto que os estoy contando a algunos de vosotros os pueda parecer que sobrepasa los límites de la ética. Respeto vuestra opinión y espero que este parte de guerra no os ofenda. Es algo muy personal. Todos los estudios están aprobados por comités de ética y yo he dado mi consentimiento sin ningún tipo de duda.

Llegados a este punto, quiero expresar aquí lo que yo creo, y cuando digo creo, no estoy hablando de una creencia racional, sino más conectada con la fe. Sé que es infrecuente que alguien ponga por escrito lo que yo voy a escribir aquí. Las razones suelen ser el miedo a que nos consideren que hemos perdido el juicio o el pudor por expresar algo que está en nuestro ámbito más íntimo y profundo. Yo, a estas alturas de mi vida, ese miedo y ese pudor no lo tengo. Tampoco sé si lo que creo coincide con alguna religión en concreto o con un poco de cada una. En fin, lo que yo creo es que una parte de nosotros, el alma, es inmortal, y que a veces esa parte es energía pura y otras veces es la combinación de energía y materia. Creo que algún día, el hombre llegará a demostrar esto de forma científica, tal vez a través de la física cuántica, pero hoy por hoy, esto es un asunto que cae del lado de la fe, de las ciencias ocultas, del esoterismo, de la espiritualidad… de ese mundo de experiencias inexplicables que está ahí y que aún no podemos justificar con nuestra mente racional. A ese estado de energía pura algunos los llaman ángeles; otros, energía positiva; otros, nirvana; otros, Dios; otros, estado de conciencia ampliada… es un universo de palabras en el que me pierdo, pero que trata de responder a esas preguntas existenciales a las que alguna vez todos nos hemos enfrentado ¿Quién soy? ¿Para qué estoy aquí? ¿De dónde vengo? ¿Cómo se origina la vida? ¿Qué pasa cuando nos morimos? ¿Por qué hay niños que mueren al nacer?

Lo que yo he experimentado, no sólo ahora que tengo la “presión existencial” del cáncer, sino en otros momentos anteriores, es que hay veces que siento que las cosas que pasan en mi vida están sincronizadas de manera especial: conocer a la persona adecuada en el momento justo; confirmar, al cabo de los años, que cosas que he expresado como un puro deseo han acabado cumpliéndose sin darme cuenta; reconocer en las ilustraciones de “Mamá se va a la guerra” que Momo pintó hace un año, a varios de los médicos que he visitado en Barcelona; que la puta pastilla de Letrozol, y sólo esa, se caiga al suelo casi todas las noches antes de que me la tome; estar en clase de coaching haciendo un ejercicio y, de repente, sentir un fuerte olor a rosa y ser yo la única que lo percibe… la lista de cosas raras e inexplicables es muy larga. Y como no soy capaz de explicarlas todas, juntas o por separado, de manera racional, lo que creo es que tengo uno o varios angelitos de la guarda que están guiando mis pasos últimamente. ¿Para qué? No lo sé, pero sí sé que mi vida ha cambiado y, en mayor o menor medida, también la vuestra al leerme.

¿Qué sentido tiene que participe en estos estudios médicos? No lo sé, espero que mi curación, pero tiene bastante más trascendencia que mi simple curación. ¿No os parece de coña que me seleccionen de entre todas las personas del mundo como una de las primeras que van a acceder a tener la información completa de su genoma? Y todo porque aparecí por Barcelona el día justo a hablar con el médico justo. ¿Será que dentro de unos años van a fabricar un clon mío?

No sé… si habéis llegado leyendo hasta aquí, es posible que penséis que estoy desvariando y puede que sea verdad. Mi imaginación a veces también se pone a volar hacia lugares insospechados. No es fácil encajar todas estas cosas que son extraordinarias, que no le pasan a la mayoría de la gente. Estoy confusa. Mi cabeza me dice que no debo publicar todo esto que he escrito, sin embargo, igual que cuando os envié el primer parte de guerra, mi intuición me dice que debo hacerlo.

Sois libres de hacer con este texto lo que os parezca. Pido perdón de antemano si en algo de lo que he escrito os he molestado.

Y ya otro día os cuento sobre los proyectos literarios a corto plazo. Son dos.

Un beso,
Irene

miércoles, 10 de julio de 2013

El expediente viajero

Querido Ejercito Aliado:

Me gustaría poder responder uno a uno todos los mensajes que me habéis enviado: de correo, de whatsup, de buzón de voz, de Facebook, en el blog, en vuestros blogs, en directo... Os lo he dicho más veces, individualmente sois geniales, cada uno en vuestro estilo, dando lo mejor de vosotros, pero todos juntos, visto desde donde yo os recibo, tejéis una fuerte red que impide que me caiga y que cubre mis necesidades de afecto, como una mantita de lana de vicuña. Siento orgullo y mucho agradecimiento.

Por actualizaros brevemente el asunto médicos, tras la generación de opciones colectiva, mi expediente ha empezado a viajar a varios centros de investigación oncológica. Ya he visto a los del Clara Campal. En estos momentos también están viendo mis informes los médicos del equipo del Dr. Baselga, en Barcelona, y en los próximos días tocaré a la puerta del Gregorio Marañón y del 12 de octubre.

Es un comienzo de plan de acción. El primer paso. Saber qué patólogo puede averiguar lo más posible acerca de mi tumor y después, en función de lo que descubra, saber si hay un tratamiento y dónde y cómo se me puede administrar.

No estoy en una situación de extrema gravedad, ni siquiera de gravedad media, porque todos los focos tumorales están muy localizados, así que tengo algo de tiempo (me doy de plazo este mes) para valorar bien todas las opciones antes de tomar una decisión.

Algunos me preguntabais por qué no se me puede operar. Hay varias razones de tipo médico. Las células cancerígenas no están únicamente en el tejido mamario, sino que han sido capaces de mezclarse con células de tejido cutáneo, subcutáneo y de los ganglios. Por lo que me ha parecido entender, una operación conllevaría riesgo de diseminación. Además, con el linfedema, habría un riesgo alto de infección. Total, que me quedo con mi teta, más bonita o más fea, más sana o menos, ahí se va a quedar y no me parece mal, no me agobia, al contrario, lo prefiero.

Como os contaba en el parte anterior, también he retomado el trabajo con María en reiki y otras terapias energéticas.

Ya os iré contando por dónde siguen mis pasos. De momento, tengo grabado a fuego que existe mi vida al margen del cáncer, así que sigo con mis cosas habituales. La semana que viene ya acabamos el curso de coaching y tendré varios días tranquila para ponerme a escribir en un nuevo libro, del que ahora no os puedo contar mucho.

Para los dos años próximos, me he matriculado en una especie de máster de psicología. Se llama Terapia centrada en la persona de Carl Rogers (que es el psicólogo o psiquiatra, no sé muy bien, que la desarrolló). Es un curso en principio manejable en dedicación de tiempo (una tarde a la semana) y que me va a proporcionar mucha más solidez, tanto a mí como persona, como a la hora de trabajar en las sesiones de coaching o de terapia, porque cuando lo acabe, podré hacer terapias de grupo, individuales y de pareja, siempre dentro de la línea de trabajo de este hombre.

En este aspecto, mi estrategia es clara. Estar activa dentro de mis posibilidades y formarme en áreas que me permitan ayudar a los demás en su crecimiento personal, algo que da mucho sentido a mi vida.

Como buena noticia del día, Mamá se va a la guerra sigue expandiéndose. La semana pasada Mari Val lo presentó en Amsterdam, en la reunión mundial del Look Good, Feel Better y Marta Zafrilla y Femeniname publicaron reseñas preciosas en sus blogs. Hoy nos ha llegado también esta noticia de Salamanca:

http://www.salamanca24horas.com/provincia/90609-la-programacion-cultural-de-este-verano-marcada-por-la-solidaridad

En fin, que esto era breve correo para agradeceros, una vez más, todos vuestros mimos y poneros un poco al día.

Os quiero,

jueves, 4 de julio de 2013

Generando opciones

Queridos amigos y familia:

Hoy no vais a encontrar ninguna metáfora en este correo, ni historias de reinas y vestidos de seda.

En los resultados del PET se confirma que los tres pequeños focos de tumor que me quedaban en el pecho se han reactivado un poco y han crecido de tamaño. Aún no es nada alarmante, en comparación con cómo he estado hace un año, pero la progresión, aunque lenta, existe.

¿Por qué el tratamiento actual está funcionando bien, pero sólo parcialmente? Según el General, porque las células cancerígenas van mutando y modificando su estructura para esquivar los tratamientos.

¿Se me podría operar? No, lo han vuelto a considerar, pero no es una opción viable.

Llegados a este punto, al equipo de Quirón no se le ocurren qué más tratamientos ponerme que me puedan valer, así que me han derivado al Centro Clara Campal, asociado al Hospital de Madrid en San Chinarro, en donde tienen una unidad de investigación sobre cáncer de mama, para ver si ellos tienen algún tratamiento novedoso, si me pueden meter en algún ensayo clínico de nivel I o si consideran que se me pueden hacer nuevas pruebas genéticas o moleculares.

Esta noche recibirán mi informe completo y espero que me llamen entre mañana y el lunes para que vaya a verlos.

De momento, continúo con el tratamiento actual.

¿Cómo me encuentro? Físicamente bien, fuerte, energética, igual que ayer y anteayer y las últimas semanas. De ánimos, ahora, regulín. Lo más frustrante ha sido el reconocimiento del General de que ellos, ahora mismo, no pueden hacer mucho más. Ya he llorado mi ratito de rigor.

Aparte de la alternativa de San Chinarro, que aún no sé si es tal alternativa, estoy abierta a más cosas, así que, si se os ocurren nuevas opciones, si conocéis a alguien que pueda aportar algo de luz a mi caso, os agradezco que me lo digáis.

Por mi parte retomo las terapias energéticas, que las he tenido un poco de lado en los tres últimos meses.

La parte buena es que las costillas que tenía rotas se me han curado, que el cáncer no está diseminado a otros órganos y que no tengo nada de tumor ya en la parte de los ganglios axilares ni en la pared torácica, que en teoría era la que tenía peores perspectivas porque es más complicado que los medicamentos lleguen ahí. Eso está facilitando que las heridas me estén cerrando, lenta pero progresivamente.

En fin, que sigue siendo un caso atípico, lo mires por donde lo mires.

Hoy no estoy con muchas ganas de hablar. Aún necesito tiempo para acomodar toda esta información, pero no quería dejar de contároslo y el email, una vez más, va a resultar útil.

Me imagino que no tardaré mucho en relativizar todo lo posible y centrarme nuevamente en todos los proyectos en los que ando metida con ilusión.

Un beso muy fuerte,

Irene

viernes, 21 de junio de 2013

Aún con el vestido de seda

Querido Ejército Aliado

Os envío este breve mensaje porque sé que muchos de vosotros estáis pendientes de lo que haya pasado hoy con el médico y porque además, como no es muy frecuente que me muestre triste, tal vez os haya preocupado más de lo necesario.

El estar triste o cansada de vez en cuando, no son más que estados emocionales transitorios que a todos nos pasan y yo no iba a ser menos. En general prefiero guardarme esos ratitos para mí, o como mucho compartirlos con el primero que pase por aquí en ese momento, porque sé que me duran poco y no merece la pena alarmaros. Pero bueno, el lunes os lo conté, supongo que para que también sepáis que existen, que no pretendo ser ninguna super heroína y que tampoco me gusta que me veáis como tal, pero entre eso y estar con un estado de ánimo depresivo, pues hay muchos estados intermedios, que es donde suelo estar, gracias a mi tendencia natural al optimismo y a relativizar las situaciones.

Bueno, después de este rollo ¿qué ha pasado con el médico? Pues que no le quieren dar demasiada fiabilidad a esta resonancia magnética, en vista de la magnífica evolución que he tenido con el tratamiento actual hasta ahora y de cómo me encuentro yo, física y anímicamente. Y lo que me han propuesto es que me haga la semana que viene un  PET, que en mi caso parece más fiable, para poder valorar mejor todo.

Así que, de momento sigo con mi tratamiento actual y en quince días o así, se verán los resultados del PET y veremos qué pasa. Por lo pronto, me quedo con el vestido de seda salvaje puesto y nunca mejor dicho porque nuestro querido Thys me ha invitado a que le acompañe esta noche a la gala de Yo Dona, en la que van a dar un premio a Elsa Pataky por su labor junto a GHD en la recaudación de fondos que se destinan a la investigación contra el cáncer de mama, ¡¡¡ya llevan un millón de euros!!!

¡¡¡Estas son las cosas que me hacen requetefeliz!!!

Voy a terminar el programa semanal que me he hecho de Ponte Guapa, Te Sentirás Mejor y a pintarme un poco los ojos para la fiesta, no vaya a ser que me saquen en alguna foto.

Mil gracias por vuestro apoyo constante.

Os quiero,
Irene

miércoles, 19 de junio de 2013














BLACK AFRICA

Era una mañana de domingo de principios de 1994. Prolongamos el desayuno y mientras Alberto devoraba sus periódicos, yo leía el suplemento dominical.

- Irene, ¡mira este anuncio!

Me enseña un diminuto aviso de no más de 3x3 centímetros:

BLACK AFRICA
Expediciones de aventura
Tel. 987 … …

- Podríamos ir a África este año.
- No sé, no es un destino fácil como para ir solos.
- ¿Y si les llamamos a ver de qué van?
- ¿No te parece un poco raro un anuncio tan pequeño y un número de León?
- Sí, pero la peor gestión es la que no se hace. No perdemos nada por llamar.

Llamamos, por supuesto y nos atendió un chico que nos contó que su socio y él querían formar un grupo para hacer una expedición por Kenya, Zaire, Uganda, Ruanda y Tanzania en verano. Que era un safari de un mes de duración en un camión todo terreno “overland” y que si nos interesaba, iban a hacer una presentación, con las fotos de la expedición del año anterior en Madrid en un mes.
¡Los gorilas de montaña! Uno de nuestros sueños. Empezamos a documentarnos para hacer productiva esa larga espera de un mes.

Cuando llegó el día, nos citaron en una cafetería de la zona de Pacífico. Un lugar de lo más corriente, pero que tenía una salita al fondo en la que estaríamos tranquilos y se podía hacer un pase de diapositivas.
Fuimos llegando poco a poco y finalmente nos juntamos un grupo de unos veinte. El chico de León, un chaval bastante tímido e insulso, nos presentó a su socio, quien sería nuestro guía. Era ÉL: un hombre de unos treinta años, valenciano, alto, guapete y con la indumentaria propia de un Indiana Jones en busca de tesoros.

Comenzaron enseñándonos unas fotos espectaculares: la sabana, los bosques húmedos, los gorilas, el camión, las tiendas de campaña…y de repente irrumpe en la sala un grupo de personas muy enfadadas. Insultaban a estos dos:

- ¡Sinvergüenzas, inútiles, estafadores!

Mientras unos casi llegaban a las manos, otros se dirigían a nosotros, los potenciales viajeros, para decirnos que el viaje del año anterior había sido un desastre organizativo.

Cuando consiguieron que se fueran y nos quedamos solos, los guías comenzaron a disculparse por el boicot.

- No vamos a negar que el viaje no saliera exactamente igual que como estaba planeado, pero África es así, imprevisible. No obstante, si después de esto que ha pasado, alguno quiere irse, lo entenderemos.

Murmullos entre nosotros y deliberaciones. Alberto y yo decidimos quedarnos hasta el final, por ver lo que pasaba. Nos quedamos unos diez o doce.

Terminamos de ver las fotos y luego les freímos a preguntas de todo tipo. Al final, viendo nuestra indecisión, jugaron fuerte:

- Hagamos una cosa. El viaje cuesta cien mil pesetas. Quien quiera apuntarse que pague por anticipado solamente la mitad, para cubrir los billetes de avión y los primeros gastos. Y a la vuelta, si estáis conformes con la expedición, nos pagáis las otras cincuenta mil. No queremos que penséis que somos mala gente.

Aquella propuesta mejoraba significativamente las condiciones del viaje. ¿No queríamos aventura? Esta lo iba a ser. Nos apuntamos todos.

La siguiente cita sería a principios de junio en el aeropuerto de Barajas. Un vuelo regular con destino a Nairobi y escalas en Roma y Jeddah.

Y allí en Barajas nos empezamos a conocer todos. Los presento aquí con sus nombres reales, aunque a lo largo del viaje fuimos adoptando motes. Amelia, una enfermera de la Coruña de unos treinta años, gordita y muy simpática. José Antonio, un hombre de unos cincuenta años, que era ornitólogo y sabía mucho de animales, había incluso trabajado con Félix Rodríguez de la Fuente. Ana y Basilio, una parejita de recién casados de Zaragoza. José Luis, un señor de cincuenta y tantos años que se acababa de prejubilar en un banco y había decidido realizar su sueño de conocer África, era la primera vez que salía de España. Alfonso, un hombre joven de Barcelona, algo viajado. Irene, una joven de Madrid, muy graciosa y despistada. Carmen, una chica de aspecto aniñado, muy mona y un poco reservada. Y nosotros dos, que por lo que nos pareció, éramos los que más experiencia viajera teníamos. El guía, Miguel, llegó tarde y el último.

Íbamos todos a la última moda del Coronel Tapiocca y nuestro tema de conversación principal en ese momento fue lo que llevábamos en la mochila: la ropa, los equipos fotográficos, las velas espirales para los mosquitos, el tratamiento anti-malaria, etc.

Irene, la otra Irene, tenía que cambiar dinero. En su despiste había dejado hasta el final aquel asunto, así que la acompañamos a la oficina de cambio.

Cuando estábamos embarcando, otra vez Irene se da cuenta de que le faltaban los billetes de avión y el pasaporte.

- Te lo habrás dejado en la oficina de cambio – le dije.

Alberto fue corriendo con ella y, efectivamente, al cabo de diez eternos minutos llegaron con los documentos de viaje recuperados y embarcamos, ya casi por los pelos.

Ya en el avión, cuando éste despegó, respiramos hondo. Comenzaba una nueva aventura. Era 1 de junio de 1994 y unos meses antes, en abril, se había desencadenado un enfrentamiento entre hutus y tutsis que acaparaba los titulares de todos los medios de comunicación. Nos esperaban los treinta días más retadores que habríamos vivido hasta ese momento.

lunes, 17 de junio de 2013

Cambio de uniforme

Hola a todos:

No siempre mis noticias pueden ser buenas. Hoy he recogido los resultados de una resonancia magnética que me hicieron la semana pasada y parece que hay un leve empeoramiento. Digo parece y digo leve, porque solamente me baso en lo que interpreto de los informes y de la comparación con las últimas fotos.

Mi General examinará mi caso el miércoles por la tarde con el resto de mandos militares y el jueves me reuniré con él, preparada para quitarme el vestido de seda salvaje y la capa de armiño y enfundarme nuevamente el traje de camuflaje, eso sí, la corona no me la quito ni de coña, le pondré unas hojas pegadas si acaso.

Sé que estáis a mi lado, pero también sé que esto es algo que tengo que lidiar yo. Ahora me siento un poco triste y cansada de tanto batallar, pero supongo que se me pasará rápido. De momento sigo con mis rutinas y con las cosas que me motivan.

Un beso a todos
Irene

domingo, 26 de mayo de 2013

Una historia conmovedora sobre El Principito



Recuerdo aquel día de septiembre en el que recibí un email de mi amiga Fuencisla. Nos contaba algo más o menos así:

"Queridos amigos:

Va a ser mi cumpleaños en unos días y me gustaría pediros un regalo especial. Todos conocéis mi afición por coleccionar Principitos en diversas ediciones y lenguas. He descubierto una historia increíble mientras buscaba un Principito en dari. Hace años, El Principito fue traducido a este idioma gracias al esfuerzo personal y económico de un hombre afgano. Los ejemplares que se publicaron aún estaban en su casa de Kabul sin ser distribuidos cuando empezaron los bombardeos de la ciudad por parte de los talibanes. Este traductor se hallaba en aquellos días en Estados Unidos y pudo salvar su vida, pero su casa fue incendiada y con él todos los ejemplares de El Principito en dari. He conseguido ponerme en contacto con él y está dispuesto a traducirlo y editarlo de nuevo. Esta es la razón por la que este año os pido, como regalo de cumpleaños, que hagáis un ingreso del importe que os apetezca en una cuenta corriente que he abierto para recaudar fondos y financiar la edición. Necesitamos 4.000 euros."

Aquel año, los amigos respondimos ilusionados ante el nuevo proyecto de Fuen, sin siquiera poder imaginar la trascendencia de ese primer paso que estaba dando, y nosotros con ella. Se recaudó el dinero, se tradujo el libro, se editó…y se envió una carta a la entonces Ministra de Defensa del Gobierno de España, Dª Carme Chacón. En ella Fuencisla le explicaba su proyecto de viajar a Kabul para repartir en las escuelas afganas los ejemplares, y se pedía la colaboración del ejército español destinado allí, ya que la situación en el país era, y aún lo sigue siendo, muy peligrosa.

La ministra respondió muy favorablemente, poniendo a su disposición a las tropas españolas y facilitándole el contacto con el coronel D. Luis Herruzo. Fuen viajó junto a su marido  a Kabul y con la ayuda de los soldados españoles, repartieron los libros en algunas escuelas. Se entrevistaron con el ministro de educación y de aquel viaje surgió la creación de Fundación Cometa, cuyo objetivo sería fomentar la educación en Afganistán, especialmente de las niñas y mujeres y de la que Fuencisla es presidente, el coronel Herruzo vicepresidente.

Hoy en día, la Fundación está construyendo la segunda escuela española en Afganistán. En ellas se están utilizando muchos más libros traducidos al dari. Entre otros, el maravilloso cuento escrito por Ana A. Eulate, titulado “El cielo de Afganistán”, que es un canto a la paz.

Toda esta actividad de Fuencisla a través de la Fundación Cometa, la llevó a entablar una profunda amistad con el embajador de Afganistán en España, el Excmo. Sr. Masood Khalili. El Sr. Khalili, aparte de político, es esencialmente un escritor y poeta enamorado de su pueblo. Además, es hijo de Khalilulla Khalili, tal vez el poeta más significativo de Agfanistán del siglo XX. Ambos, padre e hijo, tienen unas biografías apasionantes en las que aparecen la guerra, el sufrimiento del pueblo afgano y su amor hacia él, la persecución política, el terrorismo y por encima de todo, la poesía. Hace unos meses, se presentó en Madrid “Una Asamblea de Polillas”, una selección de poemas de Khalili, traducidos por primera vez al español por… Fuencisla Gozalo.

Ella y yo compartimos muchas cosas, hemos viajado juntas, hemos despedido a amigos y visto crecer a nuestros hijos que son amigos, pero si hay algo que nos une bastante es nuestra afición por la lectura. Compartimos libros, nos aconsejamos la una a la otra, los comentamos y tenemos nuestro pequeño club de lectura “a deux”, que se activa en las noches de insomnio con un wassap. Ella también es la responsable de que Mamá se va a la guerra llegara a manos de la Editorial Cuento de Luz, pero esa es otra historia...

Y todo empezó porque una joven Fuen, apasionada por el Principito, un día decidió empezar una colección. Creo que Saint Exupèry estaría encantado de conocerla. Últimamente no dejo de pensar en la trascendencia que tiene todo aquello que hacemos.

sábado, 25 de mayo de 2013

¡¡¡Me siento bien!!!

Queridos míos:

Me siento bien. Con déficit de sueño (dicen que por la luna llena) pero bien. Mi salud está conmigo y mejorando día a día. Sigue siendo mi prioridad número uno y trato de combinar descanso con actividad en proyectos en los que me estoy metiendo y que me motivan mucho. Muy cerquita como prioridad, está el bienestar de los niños y de todos los demás.

No soy insensible a lo que me rodea. Enfermedad, paro, crisis económica, cierre de empresas, soledad, reorganizaciones familiares, aislamiento, vejez…Algunos de vosotros, muy cercanos, lo estáis viviendo y ya que no me puedo dormir un rato de siesta, por lo menos me he puesto a escribir esto para invitaros a que deis un paso, que consiste en cambiar las palabras por:

Salud, sanación, proyectos, fortalecimiento de lazos familiares, amor, amistad, compartir, vida…

Se trata de sentirnos bien y de poner el foco en aquello que nos hace estar así y avanzar, cambiando lo que nos hace sentir mal y nos bloquea.

Coaching, Programación Neurolingüística, Pensamiento Positivo, Ontología del lenguaje, Reiki, Inteligencia Emocional…Son diferentes perspectivas y no las únicas de abordar momentos difíciles y de transformarlos en retos y oportunidades. Y las palabras tienen mucho poder. Así que ahí os dejo una pequeña propuesta, por si pasa algo bueno.

Yo sigo ampliando la familia, en sentido amplio. Primero fue el Ejército Aliado, los que siempre habéis estado ahí y los que os habéis ido uniendo. También llegó la familia de Cuento de Luz, llena de amor, magia, luz y por supuesto cuentos divinos. Y la familia reiki, maestros, compañeros y personas que me voy encontrando que creen, como yo, en la bondad de las terapias energéticas y con las que comparto mucho más que eso. A principios de año se incorporó mi familia coaching, dentro del curso y fuera de él: profesores y compañeros con los que estoy viviendo momentos de muchísima intensidad y transformación personal. Y últimamente he encontrado a la familia Netwriters, un grupo de escritores con algo muy especial, luego os hablaré de ellos. Desde luego, hay algo que no me falta, cariño y afecto.

 ¡GRACIAS!

Como os decía, tengo varios proyectos en marcha y uno de ellos es el de seguir escribiendo y tal vez publicar. Netwriters ha sido un hallazgo. Una comunidad de escritores, cada uno de su padre y de su madre, con su propio estilo y unidos no solamente por un sello editorial, Atlantis/Netwriters, sino por su carácter: personas creativas, grandes lectoras, inteligentes, cultas, reflexivas, que escriben muy bien, amantes de la Literatura pero sobre todo grandes seres humanos. Ayer tuvimos la ocasión de compartir una tarde de literatura y cervecitas y para mí fue la oportunidad de conocer a muchos de ellos en persona. Me apetece conocerles aún más, por eso me he hecho con casi toda la colección de novelas publicadas por ellos. Ya tengo lectura para todo el verano. Por mi parte, me gustaría ir publicando en el blog reseñas sobre ellas, a pesar del riesgo que supone opinar sobre la obra de un compañero.

Con Netwriters también estoy iniciando un proyecto de colaboración. Escribiré periódicamente (sin periodicidad ninguna) crónicas de viajes. Lo sabéis, he sido un poco trotamundos, así que tengo vivencias más que suficientes para escribir sobre un asunto que además me apasiona, los viajes: la descripción de los lugares mágicos que esconde nuestra Tierra unidos a la experiencia y aprendizaje personal. Serán viajes físicos y espirituales. Los publicaremos en su web: www.netwriters.es y también en mi blog.

Y hay más cosas que os iré contando a medida que vayan tomando forma.

Voy a prepararme un café.

Muchos besos,
Irene

P.D.: ¡¡¡¡Quedan 5 días para que sepamos los premios definitivos para Cuento de Luz y para Mamá se va a la guerra!!!!

domingo, 19 de mayo de 2013

EL AMULETO





Anoche terminé de leerme El Amuleto, de Emilio Porta. Es un libro en cierta medida inclasificable. Diría que es una serie de pequeños ensayos encadenados por un hilo argumental que le dan forma de novela.

El protagonista, Cimbalé, es un chico africano que llega a España en una patera y que consigue integrarse y prosperar en nuestra sociedad a la vez que pone en práctica su manera de entender la vida, la libertad y su propia individualidad.

Cada uno de los ensayos es un pequeño tesoro en si mismo. Cimbalé, y a través de él vislumbramos el pensamiento del autor, aborda asuntos como las religiones, la emigración, el conflicto palestino-israelí, el amor, la felicidad, la búsqueda de una identidad propia, la Literatura, el cine, los atentados del 11-M. Todo ello contado de manera amena, sin renunciar por ello a la profundidad de los planteamientos filosóficos y vitales, en los que el autor nos va guiando en su pensar al tiempo que nos plantea preguntas fundamentales.

“Toda la vida es un instante. Un instante dividido en más instantes que forman una cadena de sucesos que solo existen al permanecer después en la memoria”.

Hay mucho de filosofía en este libro, pero también mucha humanidad. No contiene verdades absolutas, lo cual es de agradecer en esta época en la que vivimos.

Cimbalé Entwonga, es escritor y profesor de Literatura y ello da pie a que a través de las páginas nos demos un paseo por lo mejor de la narrativa y la poesía de habla hispana. Los diálogos con sus alumnos son simplemente deliciosos, aunque por desgracia me temo que algo utópicos.

Pero tal vez la clave del libro esté ahí, en las utopías, las de cada uno y en nuestra pasión por perseguirlas.
El Amuleto está editado por Ediciones Atlantis bajo el sello Netwriters, que a su vez es la primera red interactiva de escritores de España, de la que Emilio Porta, hombre polifacético, es uno de sus impulsores.


Al final del libro podemos leer la declaración de principios de la editorial: “En Ediciones Atlantis hemos realizado una nueva forma de ver la literatura, donde el espíritu creativo, el corazón y el estilo, caminan juntos”. Sin duda El Amuleto responde plenamente a este espíritu.

Nota bibliográfica:

Título original: El Amuleto
Primera edición: febrero 2013
Autor: Emilio Porta
Editorial: Ediciones Atlantis. atlantis@edicionesatlantis.com
ISBN: 978-84-940958-9-4

sábado, 18 de mayo de 2013

CRÓNICAS DE VIAJE - EPISODIO 0



Ayer desempolvé los diarios de viaje que escribí junto a mi marido en la década del noventa. Aquellos años en que teníamos juventud y capacidad de ahorro para, cada año, elegir un destino del mundo y viajar hasta allí con nuestra mochila. Fueron años de inmensa actividad profesional. A los ojos de muchos éramos una pareja de yuppies que se habían apuntado a la moda de hacer viajes exóticos y de aventura. A los ojos de mi madre, ese chico inquieto con el que me había casado iba a conseguir que nos matásemos en cualquier montaña perdida de vaya usted a saber dónde. No le faltaba razón a mi madre, que varias veces estuvimos a punto de morir, aunque de eso creo que nunca se ha enterado.

Para nosotros sin embargo, viajar era una manera de conocer a otras personas, otras culturas, otros paisajes, pero también de conocernos a nosotros mismos, mutuamente y de forma individual. No todas las parejas aguantan juntas las 24 horas del día durante 30 días seguidos. Nosotros no es que nos aguantásemos, es que las disfrutábamos como enanos.

Aquellos viajes en realidad duraban todo el año, porque durante meses nos dedicábamos a planificarlos minuciosamente. Estamos hablando de una época en la que Internet no estaba a nuestro alcance, tampoco había móviles, se utilizaba el fax y el télex, los billetes aéreos se compraban en las agencias de viajes y el dinero se llevaba en travellers checks, las cámaras de fotos eran de carrete y los más “profesionales” usaban película de diapositivas.

El primer paso, una vez elegido el destino, era pasarnos por las agencias de viajes para saber cuáles eran los lugares más turísticos del país en cuestión. En ocasiones, eso significaba incluirlos, pero en muchas otras, precisamente descartarlos ya que huíamos del turismo de masas. 

El siguiente paso era comprar varias guías, la Lonely Planet solía convertirse en nuestro libro de cabecera durante esos meses. El objetivo era contactar con alguien que ya hubiese viajado al destino en cuestión o, mucho mejor, que viviese allí. Practicábamos el “couchsurfing” basado en el boca a boca.

Y entonces, llegaba uno de los momentos claves y que recuerdo con mayor cariño. En una hoja tamaño DIN A3 dibujábamos una cuadrícula que sería nuestro calendario de viaje y sobre ella íbamos trazando el recorrido, las ciudades o lugares donde pernoctaríamos cada noche, los medios de transporte para cada día, los alojamientos…Siempre escribíamos a lápiz, porque durante meses era nuestro documento de trabajo que iría sufriendo constantes modificaciones.

- He leído que el Taj Mahal está cerrado los lunes.
- Vaya, eso cambia nuestros planes porque tendremos que quedarnos un día más en Agra.
- ¿Y si empezamos el viaje por Benares?
- No, no hay vuelos y además prefiero que nos vayamos haciendo al país poco a poco. Benares debe de ser muy impactante y además es un buen punto de partida hacia Nepal.

Esas eran el tipo de conversaciones que nos absorbían durante horas y horas.

Ya más cerca del momento de partir, llegaba el asunto de los visados, los pasaportes, las vacunas, los vuelos, el cambio de moneda y el equipaje.

Tengo guardado como oro en paño aquel pasaporte que nos hicimos con una foto en la que no estábamos nada arreglados. Mejor así, porque ese era el aspecto que teníamos cuando llevábamos semanas de viaje. Más de un guardia de fronteras habría dudado de mi identidad si en la foto del pasaporte hubiera salido peinada con moño italiano, maquillada y con traje sastre, que era mi aspecto habitual cuando me ponía el disfraz de broker de bolsa.

Aquel pasaporte lleno de sellos de todos los colores, porque para eso las autoridades de emigración de algunos países son muy creativas, igual que con sus billetes, y había sellos con tucanes, con letras árabes, con monumentos…

Nunca supimos viajar con poco equipaje. Al final lo conseguíamos porque la capacidad de la mochila era la que era, pero antes de regresar siempre acabábamos regalando ropa que no habíamos usado. Era nuestro reto cada año, reducir el equipaje, pero eso sólo conseguí aprenderlo muchos años después, al hacer parte del Camino de Santiago.

¿Qué condiciones debía tener nuestro destino? 

Generalmente buscábamos que estuviera fuera de Europa, porque pensábamos que Europa, España incluida, podríamos conocerla en viajes de fin de semana, puentes y sobre todo, cuando fuésemos jubilados.
Nos gustaban los destinos con culturas diversas a la nuestra y con paisajes naturales extremos: selvas vírgenes, volcanes, montañas elevadas, ríos bravos, llanuras nevadas. Pero aunque nos adaptábamos a cualquier medio de transporte y alojamiento, era importante que los dos o tres últimos días del viaje los pudiéramos destinar a estar en alguna playa en algún hotel con cierto lujo. Por dos motivos (o tres): poder darle descanso al cuerpo, poder adaptarnos poco a poco al modo de vida occidental, ya que solíamos apurar de viaje hasta el último día de nuestras vacaciones y poder bucear si el destino lo permitía.

Costa Rica, Venezuela, Colombia, Guatemala, la India, Jordania, Kenia, Tanzania, Nepal, Bolivia, Perú, Tahití, México, Estados Unidos, Panamá, Finlandia, Cuba, Zanzíbar…y Ecuador.

Aquellos años tan viajeros sólo podían acabar de una manera, con EL VIAJE, en mayúsculas. Nuestro deseo de conocer a fondo otras culturas, con aquellos viajes siempre se quedaba un poco cojo. No dejábamos de ser unos turistas que al final de las vacaciones se volvían a integrar, nunca iguales, a su modo de vida habitual. Sin embargo, la gran oportunidad se nos presentó cuando nos ofrecieron ir a vivir por tres años a Ecuador. Aquel fue el viaje de nuestra vida. En el que de verdad debimos integrarnos en otra sociedad y enfrentarnos al reto de vivir según sus normas, en el que nos enfrentamos a nuestros propios fantasmas, al desarraigo, a la soledad, a la incomprensión, y en el que definitivamente nos convertimos en otras personas.

Hoy, trece años después de nuestro regreso y cuatro desde que me divorcié, he tenido el valor de buscar la caja de mudanzas que se encontraba sellada en el trastero y sacar de ella aquellos diarios que íbamos escribiendo en tiempo real, tomando un refresco en Petra, o encaramados al templo cuatro de Tikal. Nos alternábamos en la escritura. Mientras uno lo hacía el otro solía leer alguna novela ambientada en el país. Son cuadernos que guardan una parte de mi vida en la que fui feliz, muy feliz, y sin embargo al releerlos, en muchos aspectos me cuesta reconocerme en la mujer que era entonces. En ellos hoy veo a un personaje de mí misma y me pregunto cuánto de ella aún permanece.